Nuestra Historia

En noviembre del año 1,970 surge como una granja de pollos la marca Albamar.

Como todo principio de una gran historia, Albamar tuvo pérdidas en sus inicios, la causa, el clima de Xela no era el adecuado para la crianza de pollos, problema que fueron solventando con el paso de los meses, pero el camino no fue fácil porque de igual forma tuvieron pérdidas en 2 ocasiones continuas a pesar de su arduo esfuerzo porque madrugaban para destazar pollo a la 1:00 a.m. y luego iban a cumplir labores para las empresas en las que trabajaban.

Después de los fracasos, deciden continuar en la lucha y surge la idea de poner la primera venta de Pollo Fresco Albamar ubicada sobre la 15 avenida de Quetzaltenango. 

Tener la granja de pollos les permitió ser pioneros en la venta de pollo fresco en la ciudad, debido a que únicamente había en el mercado venta de pollo congelado entero y el éxito inicial de Albamar era vender pollo fresco desde 4 onzas, teniendo también como factor de éxito la amabilidad que provenía de una fe hacia Dios, lo que los hacía ser agradecidos y demostraban ese agradecimiento al cliente.

Este primer punto de venta llegó a ser muy pequeño debido a que llegaba demasiada gente y tuvieron la necesidad de apoyarse con otras granjas de pollo vivo, quienes de igual forma  ya no se dieron a basto para surtirlos, tomando ellos la decisión de comprar el pollo recién destazado en una granja de la capital, esto para seguir conservando la venta de pollo fresco —esos viajes a la capital quedaran siempre en su memoria porque salían de viaje a las 3 de la mañana para estar de vuelta a las 9 de la mañana y poder cumplirle a sus clientes, actividad que realizaron por varios años—.

Un año después se tiene la Bendición de que les ofrecieran una tienda de abarrotes que se llamaba El Tendejón y para la adquisición de la misma tuvieron que sacar un préstamo en Banco de Occidente.

Al ver la venta de abarrotes como un buen negocio, deciden marcar la diferencia ante sus competidores y nuevamente viajan a la ciudad capital para comprar los abarrotes por mayor —el éxito en esta decisión fue que mientras que la competencia marginaba alto en la ganancia a los productos, ellos deciden marginar mucho más bajo lo cual fue un boom (en lenguaje coloquial) en el mercado y esto permitió que Albamar siguiera creciendo—.

“Esa tienda cuando nos la vendieron, vendía muy poco pero a los 3 meses se logró superar la venta en un 800% de incremento y fue así porque en Quetzaltenango el dar barato nunca se había visto.-

Al ver tanta afluencia de clientes, deciden acercase a ellos abriendo nuevas sucursales, siendo la tercera la ubicada en la 21 avenida frente al Centro Comunal.

Un recuerdo de esta sucursal es que uno de los socios al salir de su trabajo se encargaba de hacer las estanterías que se utilizaron en esta tienda.-” 

Y así se fue extendiendo Abarroterías Albamar durante los siguientes 4 años aproximadamente, llegando a tener 17 sucursales incluyendo Salcajá y San Cristobal Toto y Totonicapán.

Una de las características de uno los fundadores era que le gustaba cocinar y le encantaba preparar una receta de pollo a su familia en una plancha de leña.

“Ahí ponía yo el sartén grande con bastante aceite y dejaba caer el pollo ya empanizado con mi receta y mis hijos se lo saboreaban”. 

Siempre con el espíritu emprendedor y con las Bendiciones de Dios que fue brindando las oportunidades, se dan cuenta que una cafetería llamada La Madrileña fue cerrada, entonces deciden ya con la idea de vender el pollo frito, hablar con la dueña del local para alquilar.

La dueña del local pedía varios meses de anticipo de pago, dinero con el que no contaban por la misma situación de pagar préstamos y lo que marginaban en los abarrotes era muy bajo, entonces le suplicaron a la dueña que les brindara 3 meses mientras que ellos lograban  juntar un poco de dinero para el alquiler, pero, no sólo eso necesitaban sino también juntar para la compra de la maquinaria y equipo que necesitaba para poner una cafetería.

Mientras se lograba la apertura de la cafetería deciden hacer pruebas de mercado con sus amigos y conocidos, recordando que a quienes les llevaron las pruebas fue al personal del entonces Banco Agrícola Mercantil y a unos locutores de una radio, en ambas pruebas les expresaban que les había encantado el pollo frito, situación que los motivó aun más para abrir la cafetería que contaba con 10 mesas, el 11 de septiembre de 1,980.

Llegó el día que deciden renunciar a las empresas para las que trabajaban al ver el éxito de Pollo Frito Albamar.

Un día, habiendo ya construído el segundo nivel de la cafetería, llega un grupo de señoritas del INSO solicitando tener un espacio para 80 personas pero la cafetería tenía la capacidad únicamente para 40 en el primer nivel y 40 en el segundo, situación que no permitió que las señoritas confirmaran allí la actividad.

Habiéndose quedado con esa inquietud, planifican abrir una cafetería más grande y sabiendo que no tenían dinero para una nueva inversión y de ahí nace una anécdota muy recordada, la socia, quien se distingue por ser una mujer arrecha, estaba descargando mercadería en la abarrotería ubicada en el parque central cuando se dio cuenta que un señor de edad mayor la observaba, repitiendose esto durante 3 días, cuando al fin el señor se le acerca y le ofrece la venta de un terreno sobre la 4ta. calle zona 3… 

Esto los motivó y se convencieron sobre la compra del terreno y como en ese momento carecían de dinero deciden negociar con el dueño del terreno para que les diera tiempo de juntar el enganche, a lo que después de negociaciones el accedió y recuerdan que el señor fue un ángel porque no le quiso vender el terreno a personas que llevaban el dinero constante y sonante, sino que él decidió vendérselo a ellos brindándoles la facilidad de darle el resto del dinero un año después.

Esta se recuerda como una ocasión más en donde se demuestran las Bendiciones de Dios porque aquí fue donde se construyó lo que hoy se conoce como Albamar del Tobogán.

Cuando hicieron la negociación sobre la construcción con los arquitectos De León y Hernández, ellos (los arquitectos) les mencionaron que también quisieron comprar el terreno ofreciendo más dinero y al contado y expresaban el asombro del porqué el terreno le fue vendido a Albamar.

En esta historia hay mucho más que contar pero en esta ocasión quisimos resumirlo.